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ASOCIACIÓN TÉCNICA DE EMULSIONES BITUMINOSAS

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Viernes, 04 Mayo 2018 09:35

UN VIERNES DE ABRIL…

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Nos despedimos como si por delante solo hubiera un puente festivo, comentando con humor el sucedido de la noche pasada. Esos días perdidos en plena temporada de trabajo por operaciones salida y tráfico denso que impiden trabajar. Y que tanto nos contrariaban. (La DGT informa...) Las voces en los auriculares de los teléfonos no sonaban solemnes, ni afligidas, ni anunciaban otra cosa que los buenos deseos que se enviaban quienes se saludaban. ¡Hasta la vuelta¡. Como tantas otras veces.

Para todos los actores de la película que se estaba desarrollando aquel viernes , o para alguien conocedor de los últimos sucesos de la empresa, las palabras de buenos deseos y las inflexiones de las voces, y posiblemente hasta la forma de cortar las comunicaciones de los móviles, tenían ,ese viernes, otro matiz, otra lectura.

Cualquier cosa que hace un grupo de gente tiene dos complicaciones.

Lo que se hace. La cosa. Hacerlo bien. Hacerlo. Una.

Orquestar a la gente para que salgan las cosas. Es difícil. Dos.

El traqueteo de las bombas en su trabajo ya nos indicaba la temperatura del betún a los veteranos. La fábrica era un ser vivo lleno de latidos, pulsos, olores y colores. Un organismo vivo, que protestaba ante el maltrato o nos recompensaba con una sinfonía de sonidos de rodamientos agradecidos.

-“La emulsión la veo gorda en el grifo. Y suena rara en la llave. “ -

Nos mirábamos, comprendiendo el problema. Tantos años juntos fabricando no necesitaron de más explicación.

- “Habría que revisar el entrehierro del molino y acercarlo” –

La dosificación era la correcta. Las materias primas controladas. No cabía duda.

“Manda muestra al laboratorio de todas formas”

-“Claro”-

Los diagnósticos del plantista no precisaban de la santificación del tamizado.

- ” La emulsión esta gorda”-

El tamaño de partícula es fundamental en la técnica. A menor tamaño de micela mejor envuelta y mojado de la superficie de los áridos.

- “Hay que fabricar para micro.-

-¿Para cuándo es la obra?-

- La semana que viene. -

- La pongo en el tanque desnudo, pero no bajara de cuarenta grados. Es Mayo.”-

La envuelta de los áridos en los micros mejora con temperaturas moderadas de emulsión. Entre la primavera y hasta después del veranillo del membrillo en Septiembre, las temperaturas de media España son altas. Más de treinta grados y hasta cuarenta y siete o más en pleno Agosto. -Comentamos alguna vez, el mantra de la compra publica innovadora, escépticos, en las fábricas, y es que las licitaciones se agolpan en Septiembre , de cara a las aguas del otoño y el frio, o en primavera con el ferragosto de cinco meses de nuestra España. ¿Parece poca la innovación que se aplica?- En la superficie de la carretera se alcanzan hasta los sesenta grados o más. Un desafío para el anillo y bola del ligante. Y una complicación para la envuelta. No es extraño que la lechada al caer en el cajón de reparto de la rastra se endurezca por un prematuro secado.

“¡¡Para para para para¡¡”

Frenazo en seco del conductor de la máquina, sin necesidad de sirena de parada de emergencia. En ese momento, el tono del vozarrón del encargado hacia saltar como a un resorte a los dos peones del extendido. Solo un gesto fugaz del arco de las cejas y enseguida la broma del sucedido de la noche pasada, mientras el hidráulico levanta la rastra el espacio suficiente y la maquina con su lamento de gasóleo quemado avanzaba unos metros. El maquinista a sus llaves y sus cuentas y sus cosas.

“¡Dejadlo bonito en el mordiente¡”

No hacía falta la recomendación. Los peones, en mitad de sus bromas, (maldita la gracia) ya habían localizado unos metros de mordiente a los que les vendría muy bien ese bacheo inesperado. La torta de doscientos kilos de la rastra desaparecía en un abrir y cerrar de ojos. Los peones volvían a sus cosas. Sacar piedra gorda, mal clasificada de lo extendido, acercar los conos al área de trabajo, repasar con cepillo la lechada fresca.

El encargado

- “Yendo la cosa bien...” - , me decía.

- “Soy solo un paseante” –

Ya en la fábrica

-“Fabrica las dos primeras cubas y luego os organizáis para que dé tiempo a enfriar.-

-Vale. Le digo que vaya mojando la arena.-

-Ya la tendrá mojada-

- Eso seguro.”-

Todas las cosas las fuimos descubriendo a fuerza de fracasos. No hubo un libro ni un curso donde aprender los secretos de la técnica. No hubo mejores maestros que la experiencia y los atascos.

Cantera a cantera descubrimos, entre todos, los secretos que tenían la clave de las cosas. Aquí faltan finos. Aquí falta cabeza. De aquí solo sirve el gravin.

-“Llama a la cantera y diles que es para lo nuestro. A ver el acopio que nos abren”.-

Los acopios de mucho tiempo se contaminan. Los equivalentes de arena no tienen nada que ver con los ensayos de laboratorio. Los finos contaminados pueden hacer subir la cantidad de aditivo para mejorar la envuelta en caso de apuro – un recurso - y si nos pasamos aparecen los brillos. Es feo.

“¡De ahí no nos eches¡. ¡Envuelve aquí¡”

Oía decirle el peón al palista, todavía con las manos sucias de frotárselas con la arena. -¿Para que un laborante?-.

“Es que luego los que paleamos en la rastra somos nosotros”

Y le ofrecía un cigarrillo guiñando un ojo y le aseguraba unas cañas en el merendero en la hora, justa, del almuerzo.

“Ya está. Tira .Tira. Tira. Tira ¡”

Los walkies eran solo de uso particular de los banderas. Oficio delicado. En realidad el conductor no oía la orden del encargado. El ruido del camión, el compresor y los hidráulicos, ahogaban su voz. La radio sintonizada en Radiole tampoco era de mucha ayuda. Lo que hacía iniciar la marcha era el aleteo de brazos de la humanidad de aquel hombretón en mitad de la traza de la carretera y el peón que, cono en mano, aguardaba el paso para ajustar su colocación al ancho estricto de extendido, y que lo miraba a través del retrovisor.

La gente del equipo era toda conocida. Amigo de amigo. Recomendado. Familiar. Amigo a secas.

Desde aquella vez que dejamos que personal nos incorporara a un conductor con todos los carnets, pero sin experiencia en esto, adoptamos la misma forma de selección que la universidad en España . A nosotros si nos dio un buen resultado.

El cuidado con el manejo del embrague, la atención a los compañeros, al tráfico, al encargado. El ajustar la trazada con el volante teniendo en cuenta el ancho de la rastra, el ancho del carril, las líneas de pintura de la señalización horizontal. .. Demasiadas cosas. El conductor con todos los carnets que nos envió personal nos obligó a solapes que solo podrían dar problemas de segregación y lisos con el tiempo. El conductor con todos los carnets que nos envió personal, tapo marcas viales a descontar de la factura. El conductor con todos los carnets que nos envió personal, rompió un embrague y estuvo dos días parados el equipo en mitad de ninguna parte. El conductor con todos los carnets que nos envió personal, nos hizo repasar unos pares de kilómetros rizados. (¡Ay el maldito embrague¡).

El conductor con todos los carnets que nos envió personal nos duró mes y medio.

Lo que hizo irse al conductor con todos los carnets que nos envió personal no fue que tapara señalización, que rompiera un embrague, que nos parara el equipo, o que rizara el extendido. Se fue por la distancia, que no es un tango. Se fue por que entre tramo y tramo, entre tajo y tajo de extendido se andaba esta España nuestra, entera de punta a punta, como si de una caravana de feriantes se tratara. Feriantes sin feria, con las luces de los rotativos de los vehículos, que son un aviso y no un reclamo. Vida dura y legionaria. Y tenía prisa. Nadie supo nunca para ir a donde. Y después de cuatrocientos kilómetros, un tajo nuevo. Un tajo igual que el de cuatrocientos kilómetros atrás del día anterior. Los mismos conos, iguales señales, parecidas curvas, trazadas iguales. Y tenía prisa nadie supo nunca por llegar donde.

Y, entonces, solo se paraba en mitad de la temporada de trabajo, cuando venía uno de esos puentes. Esos días perdidos en plena temporada por operaciones salida y tráfico denso que impiden trabajar. ( La DGT informa...). Y tenía prisa.

Y sin esa prisa que aún andamos buscando, el conductor con todos los carnets que nos envió personal, hubiera aprendido el oficio. Se le hubiera enseñado. Le hubiera enseñado el encargado con su vozarrón su humanidad y su aleteo de ave en mitad de la traza. Le hubiera enseñado el peón mirándolo a través del retrovisor con el arco de su ceja. Le hubiera enseñado el mecánico de la fábrica y su oído fino de veterano. Porque somos un equipo.

Pero el conductor con todos los carnets tenía prisa. Prisa por terminar o por llegar a otra parte. Prisa por volver y en este negocio no hay ni ida ni vuelta. Se está. Se fabrica. Se extiende. Sin más esperanza que la de parar por la tarde y empezar por la mañana. En otro sitio. En el mismo sitio. En el mismo sitio que ayer pero a cuatrocientos kilómetros. Donde se nos esperaba. Donde se reclamaba nuestro trabajo. Con esa recompensa. Siendo esa la recompensa.

Tenía prisa como Personal, quien nos envió al conductor con todos los carnets de una lista, quien me indico que fue Recursos Humanos quien lo selecciono. Tenía prisa como Financiero quien indicaba que Contabilidad, quien indicaba que Tesorería. Tenía prisa como Jurídico quien contaba que Fiscal.... Tenía prisa Servicios Generales quien decía que Dirección de Medios...., que no que Maquinaria.... Tenía prisa el Administrador quien contaba que el Consejo.... y el Consejo que el Presidente. Tenía prisa el Presidente quien decía con sus manos de coger algo en el aire , que la coyuntura económica .... Que supongo que es como hablar de las circunstancias. Todos con su Excel de colores y sus responsabilidades y sus reuniones importantes. Todos con prisa por acabar. Para llegar donde.

Nadie en Central comprendía mi sonrisa, inevitable, cuando me hablaban de la responsabilidad. Y es que cómo explicarles el puesto de bandera en un tramo con curvas enlazadas sin visibilidad. El tráfico. La longitud del tráfico en cola. Los alcances. El accidente siempre posible. El despistado. Las señales.

“¡¡¡Echad tomo echad tomo¡¡” - Un panadero con el gesto de la mano golpeando en el bolsillo de la camisa al pasar por el inicio del corte desde su furgoneta blanca de panadero.-

“Es que yo tengo que pasar y usted no es autoridad para pararme” -El señor de mediana edad, muy conocedor de sus derechos.-

“Vi un hueco entre los conos y me metí” -Se disculpaba otro , despistado, al que pararon después de doscientos metros sobre el extendido fresco.-¿Quién me responde de limpiarme el coche?- Nos decía.-

Nunca hubo un accidente. Responsabilidad.

Ahora las fábricas están vacías. Están en silencio las calderas ya para siempre. No volverá a entrar la segunda marcha en los quemadores con su alegría de llama viva. Las juntas siguen derramando su gotita sin el remedio de la junta de papel aceitado ni nadie que las limpie, y son ya un derrame. Las máquinas de extendido, están quietas en su nave, que si visitas por la tarde, proyectan sombras que nunca antes vio nadie. -¿Quién vio la sombra quieta de una golondrina?-

Los formatos de Excel de colores tienen las celdillas vacías. Se acabó la prisa.

Nunca el equipo trabajó con otra esperanza que comenzar al día siguiente. Diligentes. Sin prisa. El mismo tajo día tras día. En la misma fábrica. O a cuatrocientos kilómetros de distancia en esta España nuestra. Donde se nos esperaba. Donde se reclamaba nuestro trabajo. El conductor en su camión con sus trazadas , los peones a sus cosas, el maquinista con su rastra, los banderas con sus señales y sus señores de mediana edad ,sus despistados , y sus panaderos, y el encargado allí al lado de la traza . De paseante. Como si tal cosa. Hasta el último día. Somos un equipo.

Esa fue la recompensa.

La gente del equipo se despidió como si por delante solo hubiera un puente festivo, comentando con humor el sucedido de la noche pasada. Esos días perdidos en plena temporada de trabajo por operaciones salida y tráfico denso que impiden trabajar. Y que tanto nos contrariaban. ( La DGT informa...) Las voces en los auriculares de los teléfonos no sonaban solemnes, ni afligidas, ni anunciaban otra cosa que los buenos deseos que se enviaban quienes se despedían. ¡Hasta la vuelta¡. -Era un Viernes de Abril-. Como otras veces.

 

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Rafael Moreno López

Twitter: @mineroviejo

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